Barandillas sí, barreras no
Los responsables del Puerto de Candás tienen un concepto de seguridad un tanto particular, a saber, son capaces de privar al paseante del placer de otear la costa carreñense a cambio de aislar las plazas privadas de los pantalanes, bajo el pretexto de seguridad.

Polémico enrejado a lo largo del muelle.
Después de 60 años de la ampliación del espigón candasín se les ocurre enjaular el paseo con una valla de cierre de dos metros de altura en el tramo final del dique portuario.

Descargando bonito (década de los años 60) en el lugar del vallado actual.
El atractivo del puerto de Candás está en el paseo, sin barreras, como siempre fue, eso sí, con seguridad. Para eso están las barandillas, como se están instalando en todos los puertos de Principado, incluso en el de Candás.

Barandillas: una buena solución; barreras no.
A los paseantes asiduos o foráneos se les dificulta la visión en un tramo mar adentro, donde se tiene una buena panorámica de la costa: Perlora, Perán, Socampos… el laboreo de las embarcaciones, la entrada, salida, atraque de las lanchas…

Barrera óptica para el paseante
Por otro lado, los responsables de cultura y festejos municipales quieren dar contenidos en las explanadas de este puerto. Grandes eventos lúdico-culturales, con murales y futuras pintadas de colorines propuestos por expertos y un diseñador yanqui.
Puntualmente esto puede generar vida al pueblo en tiempo de fiestas pero, cuidado, también puede suponer la pérdida de disfrutar paseando por el emblemático Muelle de Candás el resto del año.
Junio 2009