Y LOS SUEÑOS SUEÑOS SON

(Algunos porque quieren los políticos)




Juan tenía ochenta años cuando quedó viudo y sin familia cercana por lo que puso el piso en alquiler y fue a vivir a la residencia geriátrica que la UICA había conseguido, por fin, que se construyera en el solar de las antiguas escuelas de la Baragaña Alta.

Allí se encontró con amigos y conocidos que estaban en una situación parecida: José Puente, María Ramona, María Jesús la Catalana, etc. También había matrimonios como Marcial y Angelina, que decidieron ir a vivir a uno de los apartamentos de la residencia para ganar en calidad de vida, ya que tenían algún problema de salud que les dificultaba en exceso el cocinar y hacer las labores del hogar.

A estos seis, que se conocían de Candás de toda la vida, se juntaron Estrella, Felisa, Román y Saturno, que habían venido de Logrezana, Guimarán, Piedeloro y Tamón y, entre todos, formaban un grupo muy dinámico que animaba a los demás a tirar para adelante.

Por pura afinidad, Juan frecuentaba la relación de este grupo. Salían por las mañanas a dar un paseín por el muelle, San Antonio e, incluso, cuando el tiempo estaba asegurado, llegaban hasta Perlora para disfrutar de un agradable paseo por el incomparable marco de la Ciudad de Vacaciones.

De vuelta, solían compartir mesa y mantel en la residencia, menos José, Marcial y Angelita que frecuentemente comían acompañados de algún hijo o pariente cercano, ya que el restaurante del geriátrico estaba abierto a familiares y acompañantes de los residentes, que podían degustar un buen menú por un precio muy asequible.

En la residencia había un jardín que daba a la plaza de La Baragaña. Era el lugar preferido de tertulia y descanso pues estaba protegido del norte y del nordeste por el edificio. Además su ubicación en medio del pueblo permitía presenciar el ir y venir de la gente mientras tomaban el sol de medio día.

Las tardes que había función de cine, teatro o cualquier otro evento o espectáculo, dado que el edificio contaba con instalaciones de todo tipo, Juan no salía a pasear y después de la función tomaba la espuela en la cafetería que tenían los jubilados en la propia residencia. Luego cena y a dormir en una habitación muy coqueta con vistas a la escalinata de la Iglesia y a afrontar un nuevo día.

Pero cuando Juan despertó al día siguiente se dio cuenta de que estaba soñando. Que UICA no había conseguido su objetivo de construir la residencia porque los demás grupos políticos habían votado en contra de su iniciativa y que, en realidad, estaba en la residencia geriátrica de Albandi.

Se dio cuenta de que hacía casi un año que no veía a ninguno de los amigos que le quedaban y que no tenía noticias de Candás desde hacía más de un mes.

Se dio cuenta que el día a día de Candás había muerto para él, que el vino en el chigre de costumbre ya no era posible, que los mariaxes del Paseín y los paseos por el muelle no se podían hacer estando en Albandi y que las habitaciones con vistas a la Escalinata o a la Baragaña eran sólo el sueño de UICA.

Ese día leyó en el periódico que, en lugar de una residencia para los viejos, en la Baragaña Alta habían construido un edificio polivalente.

Eso de “polivalente” a Juan no le sonaba muy bien, pero a juzgar por lo que traía el periódico, debía de ser una cosa de mucha importancia. Seguramente de más necesidad que un sitio “pa que los vieyos pasemos los últimos años de vida con la nuestra xente”


Años atrás… Santarúa




Junio 2009